Binóculo

Lumpemproletariado

A veces he tenido la osadía de decir que he perdido la capacidad de asombro… Nada más alejado de la realidad.
Una vez, estábamos en Ciudad Bolívar en una reunión de la militancia, y en un descanso, había un compañero de otro país que comenzó a hablar de ópera y de su gusto por ese género tan difícil del canto y de la música. Comenzó a hacer unas interesantísimas disertaciones sobre el tema y los que estábamos allí, solo oíamos extasiados, y algunos fastidiados. De repente, el Tío Miguel, comenzó a hablar del género, de los tiempos de cada autor, de los compases y las entradas de las voces, mientras yo lo veía sin salirme del asombro. Trataba de recordar si en algún momento había visto a mi tío escuchando opera. “¿tú no me dijiste que sabías de opera tío?” le dije casi como un reclamo. “Yo no le he dicho muchas cosas”, fue la lacónica respuesta de aquel filósofo.
Cuento la anécdota porque desde hace una semana, veo en los medios, informaciones que no solo me aterran, sino que me asombran. El domingo leí sobre tres muchachos que fueron asesinados frente a una licorería en un barrio de Catia en Caracas, por otro chamo como ello, pero pagado por alguien. El martes leí sobre una joven de 22 años que estaba sentada maquillándose en la parte de atrás de un carro estacionado, en una urbanización de Ciudad Bolívar, cuando se apareció un tipo, que por encima del chofer le disparó en once oportunidades. El miércoles leo que dos niñas de 13 años, se cayeron a golpes en un liceo de Ciudad Bolívar, cuando una sacó un cuchillo y le dio cinco puñaladas a la otra. ¡Trece años, Dios mío!
Siempre concluyo en una pregunta que es habitual en mí. ¿En qué lugar del camino nos equivocamos?
Esos hechos vienen ocurriendo desde hace mucho tiempo. No es un fenómeno de Venezuela únicamente, sino del mundo entero. He leído en los medios de México sobre la violencia en ese país con la relativamente reciente aparición de los carteles de la droga, desde hace unos 15 años, y me crispan los pelos. Cómo puede un hombre matar 25 personas y pacientemente desmembrarlos e ir cocinando sus partes en ácidos para que desaparezcan de la escena pública. Un hombre que además tiene esposa e hijos.
Si se toman el tiempo de monitorear los medios en América Latina, que cubren esa área, quedarían abismados de las informaciones que ocurren: Madre que envenena a los hijos por desesperación, padres que matan a la familia completa por no tener recursos y demás barbaridades que contradicen, sin duda, la condición humana.
Y no es que en Europa ocurran cosas distintas por ser una región de cultura añeja. Para nada. España es el país con más alto índice de agresión familiar. A diario cubren los medios la información sobre algún marido que le dio patadas a la pobre esposa hasta que se cansó, sin siquiera saber porqué razón le estaba pegando.
Hace escasos quince días unos jóvenes italianos le prendieron fuego a un ciudadano argelino. Cuando la policía les preguntó porqué lo hicieron, la respuesta fue pasmosa: “para ver cómo se quemaba el filo de putana”.
Los países de la ex Europa del Este, tienen tales niveles de miseria que la delincuencia se multiplicó por diez; y qué decir de la ex Unión Soviética, donde en menos de veinte años, apareció la miseria, se acabaron los servicios públicos a precios razonables, la industria pornográfica se expandió como la llama y el desempleo se acrecentó sin que tengan salidas posible. Hoy, las mafias rusas son de las más temibles en el mundo que han implemento sistemas esclavistas en la nueva Rusia. Hace menso de veinte años, tenía el mayor Partido Comunista del mundo con 22 millones de militantes. ¿Dónde están?
Son en menores proporciones los delitos en Asia porque su cultura es distinta y tradicionalmente se aplica la justicia popular. Es decir, si se detecta a algún delincuente, la comunidad tiene derecho a lincharlo.
En cuanto a África, siento que la delincuencia existe poco porque sencillamente el hambre es tal que no hay siquiera ánimo para delinquir. Paradójicamente, tienen otro tipo de violencia. Las luchas intestinas promovidas por las trasnacionales, generan una violencia que mata más mujeres y más niños que en cualquier otra parte del mundo, porcentualmente hablando. No de gratis aquella frase extraordinaria de Paul Valéry: “La guerra es una masacre entre gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce pero que no se masacra”.
Me han impactado mucho los recientes hechos de violencia ocurridos en Venezuela, que no es distinta a la de otros países, pero que viene masificándose de manera preocupante. Obviamente la violencia es una consecuencia de la injusticia que ha pervivido en el mundo, donde la ignorancia y la insalubridad, son los ejes fundamentales. Son los alimentos fundamentales del sistema capitalista, porque en la medida que ello exista, habrá explotadores y explotados. Pero no hay duda que es necesario darle una respuesta, aun cuando paralelamente se estén haciendo tareas para sacar a la gente de la miseria.
Marx habló de una categoría social que se inscribía en el proletariado. Eran los timadores de oficio, los ladrones comunes, vividores, chulos, vagos, etc A ellos los definió como lumpen. Incluso dijo que eran inevitables en cualquier sociedad, porque era un comportamiento inherente al ser humano.
No obstante, el brillante economista alemán André Gunder Frank (1929-2005) amplió el concepto, el cual definió como lumpemproletariado, que designa a la población situada socialmente por debajo del proletariado, desde el punto de vista de sus condiciones de trabajo y de vida, formado por los elementos degradados, desclasados y no organizados del proletariado urbano, así como aquella parte de la población que para su subsistencia desarrolla actividades al margen de la legalidad o en la marginación social (delincuencia, prostitución, etc).
Peligrosamente está naciendo una nueva cultura de la violencia que se viene enquistando en las nuevas generaciones de pobres, de jóvenes sin orientación. Sé que hay equipos en algunas instituciones que están haciendo proyectos y trabajando en esa dirección, pero hasta ahora siento que se ha hecho muy poco, o que falta orientación e inclusión de la comunidad en ese debate. De lo contrario, cómo hacer para resolver ese gravísimo problema.
Caminito de hormigas…

Águila Uno está decidido a que las elecciones para escoger a las nuevas autoridades del partido, se realicen en agosto. Me dicen en Caracas que está convencido de la necesidad de una depuración interna, a fin de oxigenar a la organización. Me aseguran que en el caso de Carabobo, se disputarán el poder tres corrientes importantes: una la lidera Francisco Ameliach y Héctor Agüero, la otra la encabeza Carlos Escarrá y una tercera que la preside el sector de Mario Silva y Walter Bouzza, quien al parecer tiene a los seguidores de la izquierda real. En aras de la verdad, todo esto me parece un arroz con mango… * A veces las cosas ocurren mal por la falta de sentido común. Me dicen que en el Circuito Judicial Penal de Carabobo, donde cientos de personas pululan todos los días, se tiene el gravísimo problema que cuando un Alguacil llama a alguien, obviamente no oye. Y de ñapa, el afectado recibe el regaño de quien lo llamó. Resolver el problema es extremadamente fácil: poner parlantes en la sala de espera, pasillos y cafetín que no solamente ahorraría tiempo, sino que evitaría congestionamiento. ¿Qué inteligente tomará la decisión?... * En el Festival Off Road que se realizó en San Diego, fueron invitados los chicos de Caramelos de Cianuro, quienes una de las condiciones impuestas para presentarse, fue que les trajeran frutas. Pues, por alguna razón, hicieron de todo con las frutas, menos comérselas. Destruyeron baños portátiles y rompieron otros enseres. “Para mí que estaban drogados”, me comentó la fuente

No hay comentarios:

Publicar un comentario